jueves, 24 de septiembre de 2009

Hinno al amor de San Pablo


Es demasiado, quizás, atreverse a comentar unas palabras tan sublimes como las que se contienen en esta primera Carta a los Corintios de Pablo. Sin embargo, si las comparamos con lo que son las expansiones de conciencia y amor que ha de experimentar en su consciencia (mente y corazón) el iniciado a través de las distintas iniciaciones -expansiones que cada vez abarcan a más seres y a más mundos o planos de consciencia- vemos la coincidencia total.

Me atrevería a glosar estas palabras del modo que sigue; naturalmente, si no consigo expresar el sentido de las mismas, me atengo por completo al espíritu del sentido profundísimo que trató de transmitir este gran iniciado y discípulo de Cristo:

Si en mi amor excluyo a los otras razas, no tendré el espíritu de Dios que habita en estas razas. Si en mi amor excluyo a la mitad de la humanidad que se expresa como mujer, no tendré en mí el espíritu de Dios que se goza en esa parte de Su creación, la mujer. Si en mi amor no incluyo a los animales, Dios no está conmigo, pues Él ama a cada una de sus criaturas. Lo mismo sucede con las humildes plantas que tanto beneficio y belleza nos dan y con las mismas montañas, metales, minerales, el viento el agua, las nubes, etc. Más allá, en iniciaciones superiores, sucede lo mismo con la consciencia y amor incluyentes respecto a otros planetas, soles, etc.

Es decir, mientras nuestra consciencia y amor no incluya todo lo que conocemos y hasta lo desconocido que ahora no podemos conocer, no estamos en el camino de la Luz y el Amor. Dios es Luz y Amor y, por tanto, no puede habitar en nuestra mente y corazón si en nosotros está la oscuridad y el odio, hasta que remediemos la situación y adoptemos el correcto Sendero.

Juan Dianes.
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Primera Carta a los Corintios 13, 1-13

“Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo caridad,
vengo a ser como metal que resuena, ó címbalo que retiñe.
Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia;
y si tuviese toda la fe, de tal manera que traspasase los montes, y no
tengo caridad, nada soy.
Y si repartiese toda mi hacienda para dar de comer a pobres, y si
entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo caridad, de nada
me sirve.
La caridad es sufrida, es benigna; la caridad no tiene envidia, la
caridad no hace sinrazón, no se ensancha;
No es injuriosa, no busca lo suyo, no se irrita, no piensa el mal;
No se huelga de la injusticia, mas se huelga de la verdad;
Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
La caridad nunca deja de ser: mas las profecías se han de acabar, y
cesarán las lenguas, y la ciencia ha de ser quitada;
Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos;
Mas cuando venga lo que es perfecto, entonces lo que es en parte
será quitado.
Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba
como niño, mas cuando ya fui hombre hecho, dejé lo que era de niño.
Ahora vemos por espejo, en oscuridad; mas entonces veremos cara á
cara: ahora conozco en parte; mas entonces conoceré como soy
conocido.
Y ahora permanecen la fe, la esperanza, y la caridad, estas tres:
empero la mayor de ellas es la caridad.”

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Fantástica entrada, para leerla atentamente.
San Pablo uno de los Mayores Discípulos de Cristo.



Gracias por compartir.

Juan Dianes dijo...

Gracias a tí por leerlo y comentar.
Un abrazo.