lunes, 16 de junio de 2008

¡Despierta!



De un año relativamente tan alejado como 1944 (¡La vida siempre la misma!, ¡El hombre siempre el mismo...!) nos llega un bellísimo texto que deseo comunicar.

Todos somos insensatos en la medida que despreciamos la verdadera sabiduría, paz y felicidad por las migajas opacas y densas de apenas triste sensualidad que pueda ofrecernos la realidad sensible.

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¡Despierta!
Por Ramanuja, A. M.

Este artículo, lleno de espiritualidad, nos ha llegado de los Estados Unidos, donde nuestro querido Hermano Ramanuja aún se encuentra. Muchos evocarán especialmente su suave personalidad al leer estas líneas.— (N. de la R.).

Si sueñas entre el humo de vana fantasía, si tu vida transcurre sin alegrías ni penas, si huyes del silencio y temes la soledad, si solo crees en el placer, ¡cuida!, que eres un alma que duerme aunque en cuerpo que duerme y que despierta; eres menos que un árbol, quizás menos que una piedra.

Si es verdad que no amas a los niños ni te importa la belleza de las flores, si nada sientes con la música, créeme duermes… y con el sueño semieterno de las cosas.

¡Despierta!, vive la alegría de sufrir por los que sufren, ama la paz, ¡siéntela!, y sólo entonces llegarás a comprender las hermosas verdades que se ocultan más allá de las deformes formas de tu mundo.

Cuando hayas logrado paz para tu espíritu, del silencio escucharás en las horas de meditación, la sagrada música reveladora de la verdad eterna, que solo poseen los que se han hecho acreedores de sentirle, ya que por ser verdad no tiene traducción al relativo lenguaje de los hombres. La verdad es eterna y por serlo escapará siempre a la finita concepción de los sentidos conocidos. No tiene traducción al mundo del razonamiento, aunque sí la tiene a otro muy distinto, el mundo de los sentimientos, causa y razón de la existencia de los genios creadores, que solo han sido hombres cuya sensibilidad les ha permitido estar más cerca de la verdad que el resto de los hombres de su época.

El razonamiento hace del individuo un cerebro científico, que de poco o nada sirve a la humanidad, mientras que el sentimiento hace del cerebro científico un genio, siempre poderosa contribución al desarrollo progresivo de los seres y de las cosas.

Única es la Ley, y si no despiertas por tus propios medios y por todos los que encontrarás tan maravillosamente dispuestos en tu derredor, tan pronto como tengas la buena voluntad de querer observarles, despertarás luego que la llaga haya quemado sobre la carne de tu propio cuerpo, luego que la maravillosa herramienta del dolor te haya convertido al mundo de los sentimientos, único en el que realmente vale vivir, ya que también es el único donde es posible experimentar la verdadera felicidad que en vano los hombres de todos los tiempos, buscaron en el placer.

Único es el Camino, serénate, que tu alma es un instrumento muy delicado y convenientemente dispuesto, capaz de armonizar con las vibraciones más sutiles de la Naturaleza, que llevarán a tu consciencia la experiencia de una felicidad, por verdadera, indescriptible. Comprenderás entonces cuán groseras son las sensaciones de nuestro mundo material, cuán lejos está el placer de la felicidad, a pesar de que los hombres les hayan confundido tan lastimosamente. Mientras la pasión engrosa el velo en que se oculta la verdad, el amor es el único artífice capaz de inmaterializarle.

¡Ama, que sólo amando estarás en el Camino, hasta que seas el Camino mismo!

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy bonito el texto. Qué pérdida de tiempo no estar dispuesto a sufrir, ni a disfrutar con cosas que realmente merece la pena disfrutar, y que encima están ahí y son gratis: un árbol, una flor o una pieza musical que comunique contigo de forma más elevada.

Es curioso lo de los genios y la gente inteligente relacionado con la música. Si escuchas a Beethoven o Mozart ves músicos insuperables pero un tanto frios, mientras que si escuchas a nuestro compositor Joaquín Rodrigo (Concierto de Aranjuez) escuchas al mismo tiempo un gran compositor, pero que por lo menos conmigo, conecta en otro nivel todavía más alto. Llega más. Pero, como corresponde a nuestra época, el Maestro Rodrigo está un poco más olvidado.